negativo

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miércoles, diciembre 05, 2007

Sobre abandonar el barco

Carajo. Pensé que ya había abandonado este barco. Pero siento que debo seguir esperando. ¿Hasta cuándo? ¿Quizás hasta que Timonela decida buscar a su único pasajero? ¿Hasta que se sincere consigo misma y se deje de huevadas? Porque ahora que lo veo, su primer sinceramiento no fue tan completo que digamos, aunque fue un inicio. Porque ella no quería aceptar lo que le -nos- pasaba y pensé que con lo que había sucedido entre ella y yo ya lo había aceptado del todo. Y me salió con una serie de huevadas -pantalla no más-. Pero me doy cuenta de que lo que pasa es que no, no termina de aceptarlo. Y me doy cuenta de que ¡está tan cagada como yo! Que le da vueltas a todo en su cabeza -¡como yo!-, lo cual me da risa, por cierto. Bastante. De alguna forma -retorcida- reconforta.
Pero claro, ¿y si es solo mi cabeza?
Estrés. Estrés. Estrés.

martes, diciembre 04, 2007

(Quizás) Te veré por la noche

Llevo mi presencia agazapada en un extraño alejamiento de ti. Y te extraño -como mierda-, pero no quiero verte. No sé si estoy molesto contigo. Quizás sí. Muy probable, pero si no te nace verme -así con tu forma de ver las cosas-, yo hago como que no estoy -y no es lo mismo que ése estar sin estar que mucho aplico en determinadas circunstancias de mi vida, pero que tú usas para definir algo que es en esencia bastante distinto-.
No era momento para ése tu alejamiento. No, no era. Aunque tú lo ves de otro modo. Jode darse cuenta de que no hay en "nosotros" lo que busco, aunque te quiera gigantezcamente, aunque sea yo todo lo que sea para tí y tú seas todo lo que eres para mi.
Te veré por la noche -si te place-. Y quién sabe qué pase. Seguro te beso y abrazo y mi corazón se seguirá yendo a la mierda, y con ganas.

lunes, diciembre 03, 2007

Noviembre

Luego de un octubre vertiginoso vino un mes divertido y apacible. Pero al mismo tiempo muy intenso. Como que las cosas han cambiado en mi vida. Aprendí -al fin- a no estresarme por cosas que escapen a mi control, a vivir más tranquilamente. Aunque al final de octubre como que algo que parte de mi deseaba se concretó, pero solo hasta cierto punto. Y ese punto tan leve de concreción -algo aparentemente superficial de por medio- es el que me ha empezado a angustiar y a angustiar.
Y no sé si seguir este rumbo que, como cualquiera, no sé hacia donde me podría llevar, pero que va siendo doloroso, casi desde el inicio.
Me pregunto si debo aceptar estos términos que de alguna manera me son dados, quizás sea lo que yo buscaba y que me llevaría a crecer en ciertos aspectos en los que necesito crecer pero son mis yoes los que se resisten a algo en términos tan "libres".
No sé. Y temo, temo un camino de dolor. Sobre todo cuando hay tanto en juego, como en este caso. Demasiado temo y demasiado en juego.
Solo me queda por ahora dejar pasar los días y ver cómo se desarrolla todo.

jueves, mayo 24, 2007

Y ya (Espero)

Basta de callarme esto. Es increíble la cantidad de cosas por las que he pasado todas estas últimas semanas, emocionalmente hablando. Recuerdo que hubo un punto en el que quería escribir sobre la frustración de no poder contar un par de historias que necesitaba contar por mantener en secreto algunas cosas, frente a esas personas directamente involucradas y en suma a quienes estuvieran ligados a ellas. Pero al final, ya ven, no lo hice. Y, ahora, qué más da.
No me siento nada bien. Han sido días bastante extraños en verdad. Con un cambio de rutina bastante claro. Pero eso no interesa. Interesan mis procesos emocionales, los vividos desde que supe que venía, todo lo que experimenté interiormente hasta el jueves pasado en que de alguna forma las cosas se tranquilizaron. Al menos esa verdad dejó de ser solo mía para pasar a ser parte de ella también.
Durante meses me he dedicado a sobreponerme a su partida y al fin lo iba consiguiendo más o menos bien –o al menos eso sentía y creía-, cuando ya finalizaba abril y las circunstancias eran mas o menos distintas. Pero alguien me dio esa noticia aquella noche de sábado, en la entrada de mi casa. Y a partir de ahí todo fue distinto; fue como si todo a mi alrededor desapareciera y solo era mi yo experimentando una serie de ideas, pensamientos, sensaciones, sentimientos, recuerdos, visiones, cargado de un frenesí adrenalínico y en suma del pánico que se apoderaba de mí vertiginosamente.
Me di cuenta de tantas cosas. Demasiadas. No iba “más o menos bien”. Solo pensaba que era así, pero no y la sola idea de su visita me daba pánico absoluto. Poco a poco la sensación fue disminuyendo con los días, pero el miedo continuaba ahí. Y no se diluía. Al final lo que pude entender de mi y descubrir es que aun no había superado las cosas del todo –faltaba un buen trecho- y, en cierta manera, llevaba cosas dentro que me ataban a ella aun. Pero eso último como que no lo tenía claro y así estuve por varias semanas hasta la pasada en que de alguna forma las cosas cambiaron de rumbo.
Alguien me dijo que por sanidad debía decirle todo lo que llevaba dentro. A mí esa idea nunca se me había cruzado por la mente siquiera y me pareció bastante buena, ya que siempre he creído en la apertura y la honestidad, aunque siempre me costó al tratarse de mis sentimientos.
Si de alguna forma me sentí en todos esos días fue como un gran tonto. Por pensar tantas cosas de ella, por sentir tantas cosas de nosotros dos. Pero entendí que son mis sentimientos y por tanto no pueden ser tontos. Que aunque no los quiera dentro, son míos y no puedo pensar que son tontos.

Esas cosas me llevaron a decirle todo a ella. Todo lo que me había guardado estos meses, las razones por las que hice cosas que hice y nunca se las dije, los sentimientos y pensamientos supuestamente tontos, mi pánico y todo lo que entendí de mí luego de haber recibido la noticia de su visita.
Dediqué varias horas del jueves a redactar la carta que por la noche le mandé en la que le decía todo aquello de manera bastante detallada, con el fin de botar aquellas cosas que tenía dentro, una tentativa más por desatarme, pero con el miedo de alejarla aun más –la extraña paradoja de todo esto.
No fue si no hasta el sábado por la noche que pude leer su respuesta. Leí y leí líneas y líneas, pero no sabía cómo reaccionar ante lo que iba leyendo, no sabía qué decir y ella tampoco. Lo cierto es que no me gustaba nada lo que leía y aunque le decía a ella que es lo que es, que no es ni bueno ni malo, lo que leía no me gustaba. Hubo algo de lo que me dijo que me dolió, pero de todos modos no dejaba de tener razón.
No me sentía nada bien. Nada bien. Yo tenía pensado ir al María Reiche a distraerme y meditar. Pero tenía un compromiso con el que cumplir aunque no tuviera ganas de cumplirlo. Sin embargo, la noche se desarrolló de manera bastante fuera de lo común y bastante fortuita, además. Una amiga (a quien no veía desde enero) en el msn me decía que quería salir y la pm, y yo con el compromiso ese. Entonces le dije que me acompañara al MR y de ahí fuéramos a lo del compromiso. La fui a recoger a su casa y nos pegamos una buena lata por toda la avenida Del Ejército hasta la altura del parque María Reiche, que bordeamos, y seguimos por el malecón hasta Pardo, donde entramos, rumbo al Oso Bar, donde no iba desde hacía más de un año, me parece.
Al final, tomé algo de chela (un vaso en total fácil), bailé algunas canciones, salté y grité al ritmo de Killing in the name y pogueé con Smells like teen spirit, sintiendo que convertía parte de mi tristeza en rabia y la expulsaba cual vómito. Fue una extraña noche, ligeramente catártica.
Hoy quisiera hablar con ella una vez más. Hacerle una pregunta acerca de aquellas cosas que me dijo aquella noche y ya. Sí, y ya. Ahora, luego de tanto, me siento como antes de saber que venía pero sabiéndolo. Bastante extraño, en verdad. Pero sé que tengo todo para salir de esto -al fin-, solo quisiera preguntar eso para tener en claro algunas cosas y ya. Sí, y ya.